Del primer vertido a la tanda de hoy
Los primeros moldes y la cera de colza
Al principio probamos parafina y cera de abeja, pero la primera se enfriaba demasiado rápido y la segunda dejaba un tono amarillo que competía con los pétalos. La cera de origen vegetal resolvió las dos cosas: funde parejo, admite aceites suaves sin separarse y sostiene las flores prensadas durante el enfriado final. Desde entonces trabajamos en tandas de pocas unidades, con la mecha centrada a mano y la superficie alisada antes de que la pieza termine de cuajar.
La decisión de prensar cada flor
Comprar pétalos ya secos era más rápido, pero perdíamos control sobre el color y el grosor. Prensar lavanda, manzanilla y caléndula una por una nos deja elegir qué flores van a la cara visible del sahumerio y cuáles quedan dentro. También nos obligó a aceptar que ninguna pieza sale idéntica a otra: una hoja más oscura, un borde ligeramente irregular, una burbuja que se cuela antes del enfriado. Esas variaciones quedan en la ficha del lote.
Las bases de cerámica mate
Los primeros portavelas se torneaban en un taller externo y volvían con esmaltes brillantes que no encajaban con el resto. Ahora se modelan y se cuecen dos veces para fijar el acabado mate en tono crema. El interior queda sin esmaltar, lo que da agarre a la vela de té y absorbe la humedad con el uso. Cada base puede mostrar diferencias mínimas de tono y textura entre una cocción y la siguiente; las anotamos junto al número de pieza.
Control visual y trazabilidad del lote
Antes de envolver, cada sahumerio pasa por una revisión simple: superficie uniforme, mecha centrada, flores sin burbujas visibles. Si algo no cuadra, la pieza se queda en el taller. En la etiqueta interna anotamos la fecha de vertido, la combinación aromática y cuántas unidades salieron de esa tanda. No certificamos propiedades ni comparamos con otros productos; solo dejamos constancia de cómo se hizo cada pieza y cuándo.