El recorrido de un sahumerio de cera con flores secas y de un portavelas de cerámica no empieza en el molde, sino en la mesa de trabajo. Antes de verter nada, revisamos los pétalos prensados uno a uno: tono, grosor, si el borde quedó entero. La cera se calienta a baja temperatura para que no aparezcan burbujas y el relieve floral conserve su nitidez. Cada lote es corto, casi siempre de pocas unidades, y las diferencias de color entre una pieza y otra son parte del resultado, no un fallo que haya que corregir.
Trabajamos sin moldes industriales y sin atajos en el secado. Si buscas una pieza concreta o quieres saber qué hay disponible en este momento, puedes escribirnos por la página de contacto o ver primero las soluciones para distintos espacios.
En el taller no hay atajos. Un saché de cera con flores prensadas o una base de cerámica mate pasan por las mismas manos y por los mismos tiempos, aunque el lote sea de seis unidades. Aquí queda el orden real de trabajo, con lo que se ve y se toca en cada momento.
Se revisan las flores secas una a una, separando por tono y grosor. Los pétalos demasiado gruesos se reservan para piezas de mayor tamaño; los más finos se guardan para superficies donde el relieve debe quedar casi plano.
La cera se mantiene por debajo del punto de ebullición para que no aparezcan burbujas y el contorno de cada flor quede nítido. El vertido se hace en tandas pequeñas, dejando que cada capa asiente antes de la siguiente.
Cuando la superficie aún cede al tacto, se acomodan los pétalos con pinzas. Es el momento más lento: una posición mal calculada se nota después, cuando la cera ya está firme y no admite corrección.
Las piezas descansan horizontales durante varias jornadas hasta que el acabado queda mate y sin brillos. No se fuerza el secado con aire ni con frío: el curado se hace a temperatura ambiente del taller.
Cada base se tornea, se alisa el borde y se deja secar al aire libre antes de la cocción lenta que fija el esmalte mate. El interior queda sin esmaltar para que la vela de té no resbale.
Se comparan las piezas del mismo lote y se aceptan las diferencias de tono entre una y otra. Son consecuencia del trabajo manual y de la propia flor, no un defecto que haya que corregir.
Los tiempos varían según la humedad del taller y el tamaño del lote. No se usan moldes industriales ni se acelera el secado en ninguna de las etapas.